Hoy te invitamos a abrir un "Espacio Sagrado", y a permanecer aquí diez minutos orando, mientras estás frente a tu computador, con las guías en la pantalla y las Escrituras escogidas para cada día.
Algo para pensar y orar en esta semana
El famoso sermón sobre el infierno, que aparece en la obra de James Joyce “El retrato del Artista como un Hombre Joven” (“Portrait of the Artist as a Young Man”), expone el alma de un colegial, torturado por los pecados de la lujuria, convencido que sus pecados están más allá del perdón de Dios, porque Dios es grande y severo. Sin embargo, tiene un destello de esperanza: su fracaso no ha ofendido a Nuestra Señora, por lo que reza, en las palabras de Neuman:
Dios había pensado venir a nuestro mundo en Gloria Celestial; pero pecamos; y entonces sólo pudo visitarnos con su majestad oculta y su resplandor opacado, porque Él era Dios. Así pues, Él vino débil, no poderoso, y te envió a tí, una criatura, en su lugar, con tu encanto y brillo, apropiada para nuestra realidad. Y ahora, tu propio rostro y figura, querida Madre, nos habla de lo eterno: no como la belleza terrenal, peligrosa de mirarla, sino como la estrella del alba que es tu emblema, brillante y musical, respirando pureza, hablándonos sobre el Cielo y dándonos paz. ¡Oh, heraldo del día! ¿Oh, luz del peregrino! Guíanos ahora, como tú has guiado. En la noche oscura, a través del desolado desierto, guíanos hacia Nuestro Señor Jesús, guíanos a casa.
El colegial, con sus ojos llorosos, mira humildemente al cielo, y llora por la inocencia que ha perdido. Más tarde, encuentra una capilla. Se confiesa, y sale del confesionario como un joven contrito, de dieciséis años, ahora en paz con Dios
