Hoy te invitamos a abrir un "Espacio Sagrado", y a permanecer aquí diez minutos orando, mientras estás frente a tu computador, con las guías en la pantalla y las Escrituras escogidas para cada día.
Algo para pensar y orar en esta semana
Un niño judío, hijo único de devotos padres, era un niño muy dócil, con una excepción: ¡se resistía a estudiar el Torah! Esto no podía ser más preocupante para sus padres. Estaba anunciada la visita del Gran Rabino a la Sinagoga que ellos asistían, y decidieron invitarlo a su casa. Él aceptó la invitación; luego de la cena, los padres le comunicaron esta preocupación por el hijo. El Rabbi les pidió permiso para colocar sus brazos alrededor del niño, se lo concedieron y le dejaron espacio al lado de él. El Rabbi lo abrazó, y los padres observaron y esperaron unas palabras de consejo para el niño. Pero sólo escucharon el silencio de la imagen del niño apoyado sobre el corazón del Rabbi.
Al día siguiente, el niño comenzó a estudiar el Torah. Su pasión por la Palabra de Dios fue creciendo, y años más tarde llegó a ser un sabio y amable Rabbi. Muchos le preguntaban como obtuvo tanta sabiduría, y él les decía: “puse mi oído cerca del corazón del Rabbi, y en ese momento sentí el latido del Corazón de Dios!”. En el Evangelio de Juan, el “discípulo amado” aparece con su oído cerca del Corazón de Jesús. Es un lugar privilegiado. Pero yo también soy una discípula amada, o un discípulo amado, y puedo hacer lo mismo.
Sólo en silencio podré escuchar los latidos del Corazón del Dios. Señor, enriquece mis días con momentos de silencio, durante los cuales sólo me dedique a escucharte.


