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Orando con el Papa

Noviembre 2014
Ofrecimiento Diario: 

Dios mío, yo te adoro y te amo con todo mi corazón. Te agradezco por haberme creado, por haberme hecho cristiana(o) y por cuidar de mí durante la noche que termina. Te ofrezco todos mis actos de este día. Concédeme que todos ellos puedan cumplir con tu Santa Voluntad, y para tu mayor Gloria. Protégeme del pecado y de todo mal. Permite que Tu Gracia siempre me acompañe, junto a mis seres queridos. Amén.

 

Intenciones de este Mes:
Universal: 

Que todos los que sufren de soledad, puedan experimentar la cercanía de Dios y el apoyo de los demás.

 

Para la Evangelización: 

Que los seminaristas y religiosos jóvenes puedan tener tutores sabios y bien preparados.

 

Todo Pasa; Dios Nunca Cambia.

La sensación de un vacío interior y de una desconexión con los demás, de no tener hacia donde girar o nadie que nos comprenda, puede ser muy dolorosa. Esta desolación llamada soledad es distinta a estar sola(o). Cuando decidimos separarnos de los demás, nos damos la oportunidad para el discernimiento personal, el examen de nuestro interior y el ajuste de nuestra vida. Estar temporalmente a la deriva, contribuye a perfeccionarnos, cuando participamos de un retiro, o caminamos por la arena de una playa solitaria. La soledad, por otro lado, puede aparecer inesperadamente a través de una aflicción, o  por medio de una separación gradual de los demás. En cualquier forma que experimentemos esta desolación, siempre seremos sostenidos por la Eucaristía. San Pablo nos dice que somos miembros del cuerpo de Cristo. Si un miembro sufre, todos los demás sufren con él. Cuando nos damos cuenta que otro sufre de esta soledad, y no hacemos nada para ayudarlo, podemos llamarnos cristianos? Si nuestras palabras de simpatía no son compasivas, no somos mejores que los que confortaban a Job. Dios nos regaló con los demás, para despejar nuestra soledad. Somos creadas(os) para ser sociales y para manejar, con mucha ternura, el alma de todas las personas que encontremos. C S Lewis, el importante escritor cristiano, sostenía que Dios nos susurra en nuestras alegrías, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores. El Señor busca nuestra atención, especialmente en tiempos de prueba como el sufrir de desolación. Nuestro Dios no es un amigo sólo en los buenos momentos. En nuestro clamor desde nuestro corazón, dirigido al Cielo, nuestro Dios de amor y compasión estará siempre cerca de nosotras(os). Él nos escucha y nos atiende. En una oración desde el corazón, en silencio o en voz alta, no aparece la soledad. O Señor, todas mis nostalgias las conoces, todos mis suspiros no se esconden para Tí. Salmo 38:9.

Róisín Fulham

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