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Orando con el Papa

Mayo 2015
Ofrecimiento Diario: 

Espíritu Santo de amor, agitaste las aguas
y creaste la luz, las formas y los colores para nuestro mundo.
Tú llenas todas las cosas con vida y belleza
y das a nuestros corazones la alegría del amor.
Llena mi mente con Tu Luz, para que yo pueda regocijarme en Tu Creación
Y en mi alegría elevar mi corazón hacia Ti.
Amen
Con María, la madre de nuestro Señor y de toda la Iglesia, ruego por las intenciones propuesta por el Santo Padre para este mes:

 

Intenciones de este Mes:
Universal: 

Para que, rechazando la cultura de la indiferencia, podamos cuidar de nuestros vecinos que sufren, especialmente los enfermos y los indigentes.

Para la Evangelización: 

Que la intercesión de María pueda ayudar a los cristianos que viven en culturas secularizadas, para que estén preparados a proclamar a Jesús. 

 

Apertura a la Misión

El Papa Francisco tiene un gran amor por María, la Madre de Dios. Apenas había sido elegido cuando encargó a los obispos de Portugal que la Virgen de Fátima fuera la Patrona de su Pontificado. Al terminar su personal consagración a ella, el 13 de octubre del 2105, dijo: “recibe a todos bajo tu protección y encomiéndalos a tu Amado Hijo, Nuestro Señor Jesús.”
Cuando somos uno con Jesús, estamos más preparadas/os para proclamarlo a los demás. Él fue recibido y escondido en una pequeña habitación, preparada milagrosamente por el Espíritu Santo en el seno virginal de Su Madre, luego de la Encarnación.
Él fue confiado a ella en su humanidad; en su carne, en su sangre, en su aliento, en su alimento y en su amor, para permitirle crecer en su seno cada día. Y luego, después de su nacimiento, cada año, siempre cercano a la madre.
Ella está íntimamente asociada con su Hijo, Jesús; ella colabora con Él en su misión de salvación; durante su infancia, su adolescencia, sus treinta años de vida oculta en Nazaret, y su ministerio público; durante su dolorosa Pasión y al lado de la Cruz, donde se ofrece y sufre con Él, recibiendo sus últimas palabras de amor y congoja, en las que ella es entregada a toda la humanidad como su verdadera Madre.
Somos también llamadas y llamados a imitar a Jesús en todo, por lo que debemos imitarlo también en esto: su total confianza en su madre celestial. Es por ésta razón que ella ahora espera que nos ofrezcamos a ella junto a nuestra consagración. Ella nos moldeará y fortalecerá para que podamos proclamar a su Hijo, especialmente en culturas secularizadas.

Michael Maher, S.M.

 

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