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Daily Prayer 2012-07-04

La Presencia de Dios

Mientras estoy frente a mi computador, Dios está presente, a mi alrededor, en mis sensaciones, mis pensamientos y mi ser profundo; hago una pausa y tomo conciencia de su Presencia y su Amor.

Conciencia de la Presencia de Dios

Si se nos pregunta sobre qué otra palabra podemos usar en vez de "Dios", la respuesta podría ser "Presencia", pues eso es lo que Dios es. Cuando Moisés le preguntó a Javé su nombre, Javé contestó "Soy el que Soy", lo que significa "Estoy Presente". Dios está diciendo "Estaré allí para ustedes". Dios está íntimamente presente en todo, y especialmente en nosotros. El nombre de Jesús es Emmanuel, que significa "Dios está con nosotros". El Evangelio de Mateo finaliza con esta maravillosa declaración: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia".

Ejercicio corporal

Siéntate en tu silla, derecho(a) pero confortable, con tu espalda apoyada en el respaldo. Deja que tu cuerpo se relaje, sin encorvarse, con tus pies apoyados en el suelo y tus manos descansando en tus muslos o unidas en tu regazo.

Cierra tus ojos, o fíjalos en un punto frente a tí. Ahora, enfoca toda tu atención en lo que puedes sentir en tu cuerpo. Puedes comenzar en tus pies y seguir hacia arriba, dejando que tu atención se detenga, por unos segundos, en cualquier parte del cuerpo; luego cambia tu atención a otra parte del cuerpo y así sucesivamente. Si puedes mantener tu atención en una parte, mejor. Tu atención es sobre lo que sientes, no sobre tus pensamientos sobre sentir. Si no estás cómodo(a), sientes picazones o deseas cambiar de postura, sólo asume la molestia; asegúrate que todo está bien, y sin moverte, continúa enfocando tu atención a las sensaciones de tu cuerpo.

Nuestra mente generalmente no nos deja en paz al hacer esto; pero comienza a entender

Ejercicio de respiración

Este ejercicio exige concentrar toda tu atención en las sensaciones físicas de respirar hacia adentro (aspirar) y hacia afuera (espirar), sin deliberadamente cambiar el ritmo de tu respiración. Enfoca tu atención en sentir el aire frío que entra por tu nariz, y el aire tibio que sale al espirar. Al comienzo puede que mantengas la consciencia que estás respirando y eso cause que ella se torne irregular; pero esto no ocurre con frecuencia. Si así ocurre, y llegas a sentirte sin aliento, deja este ejercicio para otra oportunidad.

La mayoría de las personas encuentran que en este ejercicio su respiración cambia, el aliento se vuelve más profundo y lento, y comienzan a sentirse adormilados(as). Este es un muy buen ejercicio de relajación; si deseas usarlo para orar en forma explícita, entonces deja que el aspirar refleje todo lo que deseas en tu vida, aunque parezca imposible, y que el espirar represente la entrega a Dios de todo lo que posees, toda tu vida con tus preocupaciones, pecados, culpas y arrepentimientos.

Es importante hacer esto sin juzgarse, ya sea con aprobación o desaprobación. Mantén fija tu atención en tu deseo de entregar todas estas preocupaciones sobre tu persona, y no te aferres a ellas como si fueran un tesoro.

Ejercicio de escucha

Siéntate en tu silla, derecho(a) pero confortable, con tu espalda apoyada en el respaldo.

Ahora fíjate en los sonidos que puedes escuchar, sonidos lejanos. Sólo escúchalos, no trates siquiera de nombrarlos...

Fíjate en sonidos más débiles, y luego sonidos cercanos. Sólo escucha, vuélvete consciente de ellos. También del sonido de las palpitaciones de tu corazón, débil pero representando el ritmo de tu vida...

Y el sonido del silencio en tu lugar de oración, el silencio en tu interior... Escúchalo por unos minutos...

Libertad

Señor, me creaste para vivir en libertad.
Que Tu Espíritu Santo me guíe para seguirte libremente.
Instala en mi corazón el deseo
de conocerte y amarte cada día más.

Oración por la Libertad

Esta oración nos ayuda a colocarnos a la disposición de Dios. San Ignacio describe esta "Oración preparatoria", como la petición de la gracia que todas mis intenciones, acciones y realizaciones sean dirigidas solamente a la alabanza y el servicio de la Divina Majestad (Ejercicios Espirituales N° 46).

Ustedes pueden ensayar estas palabras: Señor, deseo prepararme bien para este momento. Deseo que todo mi ser esté listo, atento y dispuesto para Tí. Te ruego me ayudes a clarificar y purificar mis intenciones. Tengo deseo tan contradictorios. Me preocupan cosas que realmente no importan o no permanecen. Yo sé que si te entrego mi corazón, todo lo que haga después será seguir a mi nuevo corazón. Todo lo que ahora soy, todo lo que trato de hacer, todos mis encuentros y reflexiones, incluso mis frustaciones y caídas, especialmente en este tiempo de oración; en todo esto pueda yo colocar mi vida en Tus Manos. Señor, pertenezco a Tí: haz de mí lo que quieras. Amen 

La Conciencia

¿Dónde encuentro, en mi vida, los espacios para la esperanza, el entusiasmo y el crecimiento? Al mirar hacia atrás en los últimos meses, yo podría ser capaz de ver cuales ocasiones y actividades me aportaron esos frutos. Si las encuentro, me propongo entregarles el tiempo y el espacio que necesiten, de aquí en adelante.

Exámen de Consciencia

Qué es un exámen de consciencia?

Si es verdad que Dios trabaja en cada detalle de nuestras vidas, ¿cómo comenzamos a reconocer sus acciones y nuestras reacciones?

Al final de día, especialmente antes de dormir, nuestra mente, sin esfuerzo conciente nuestro, tiende a repasar algunos de los sucesos del día, en forma tan vívida, que si el día ha sido particularmente activo, podremos tener dificultades para conciliar el sueño. Nos podemos encontrar reviviendo una discusión, pensando en los inteligentes argumentos que podríamos haber usado si hubiéramos sido mas  preparados...

Un exámen de consciencia se basa en esta tendencia natural de la mente. Nos puede ayudar a estar más atentos a la Presencia y a la Acción de Dios en nuestra vida diaria, y a ser más sensibles si estamos colaborando con la Gracia de Dios, o si la estamos rechazando.

Cómo hacer un exámen de consciencia

Permite que tu mente recorra a lo largo de las últimas 24 horas, evitando enjuiciarte, ya sea con aprobaciones o desaprobaciones, y enfocándote sólo en los momentos por los cuales estás agradecido(a). Los días más difíciles incluyen buenos momentos, si sólo nos molestamos en buscarlos: puede ser el contemplar una gota de rocío, o simplemente el hecho que podamos ver..

Cuando las personas hacen este ejercicio, se sorprenden por el número y la variedad de buenos momentos del día, los cuales los habían olvidado, quizás acultados por las experiencias dolorosas del día. Al recordar los momentos por los cuales estamos agradecidos, agradezcan y alaben a Dios por ellos.

Después de esta acción de gracias, el próximo paso es recordar nuestros estados de ánimo y sentimientos, buscando si es posible, las causas de ellos; pero siempre evitando juzgarse por ellos. Permanezcan en Cristo mientras contemplan estas situaciones, y ruéguenle que les muestre las actitudes que las causan. Lo importante es evitar el análisis de nuestra experiencia, sino que contemplarla en la Presencia de Cristo, y permitirle que Él nos muestre cuando le hemos permitido estar en nosotros, y cuando lo hemos impedido. Agradézcanle por las veces que hemos dejado que su Gloria nos acompañe, y pedir su perdón por las veces que la hemos rechazado. Él nunca rechaza su perdón. Conoce nuestras debilidades mucho mejor que nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es mostrárselas, y Él las transformará en fortalezas.

Podemos finalzar con una oración breve, que se enfoca en el día de mañana y le pide la ayuda que necesitamos al Señor.

Oración Breve

Señor, me conoces mejor de lo que me conozco. Tu Espíritu domina cada momento de mi vida. Gracias por el amor y las gracias que vuelcas sobre mí. Gracias por tu constante y gentil invitación a que permita entrar en mi vida. Perdóname por la veces que he rechazado esa invitación, y me he apartado de Tí.

Ayúdame, durante el día de mañana, a reconocer Tu Presencia en mi vida, a facilitar mi apertura hacia Tí, a permitir que trabajes en mí para Tu mayor Gloria. Amén.

 

La Palabra de Dios

Mateo 8: 28-34

Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: "No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?" A cierta distancia de allí había una gran piara de cerdos comiendo. Los demonios suplicaron a Jesús: "Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos". Jesús les dijo: "Vayan". Salieron y entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la pendiente, y allí se ahogaron. Los cuidadores huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los endemoniados. Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras.

Reflexiones sobre la lectura de hoy

  • El lugar en que transcurre este relato nos revela mucho sobre Jesús. Era territorio de los Gentiles, donde los judíos evitaban ir. Cuando iban "al otro lado", los discípulos ni siquiera se bajaban de la barca, por temor o intolerancia de los que podrían encontrar. Incluso los habitantes de esa tierra le piden a Jesús que se vaya, después de su milagro. Las tradiciones están muy arraigadas, e impiden que todavía no sea bienvenido entre ellos. Jesús es siempre el hombre del otro lado, el forastero, aquél que nadie quiere conocer. Su vida cruza de un lado a otro del lago, de un pueblo a otro. Es el Hombre de todos los pueblos.

  • En esta lectura, el verdadero signo no es la estampida de cerdos; es el hecho que Jesús es el Hijo de Dios y puede triunfar sobre los poderes del mal.

  • Porque los habitantes de lugar no comprenden su divino poder, le piden a Jesús que se vaya. Pero Jesús ha ganado una batalla fundamental contra el mal, y ha establecido el Reino de Dios. Por eso podemos rezar “Venga a nosotros tu Reino” y “Líbranos del mal” confiadamente. Por estar cerca de Él, no tenemos nada que temer, ni del diablo ni del mundo.

Conversación

Que sucede en mí, mientras rezo?
Siento consuelo, preocupación, indiferencia?
Imagino a Jesús mismo sentado o de pie, a mi lado,
y comparto estos sentimientos con Él.

Conversando con Jesús

Imagínate que ves a Jesús sentado a tu lado. Al hacerlo, estás usando tu imaginación al servicio de tu Fe. Jesús no está ahí en la forma como tú lo imaginas; pero ciertamente que ahí está, y tu imaginación te ayuda a percibir esta realidad. Ahora conversa con Jesús...si no hay nadie cerca, habla en una voz suave...escucha lo que Jesús te contesta, o lo que imaginas te dice...Ésta el la diferencia entre pensar y rezar. Cuando pensamos, generalmente hablamos con nosotros mismos. Cuando oramos, hablamos con Dios (Anthony de Mello SJ, Sadhana, ps 78-79)

San Ignacio llama a esta conversación un "coloquio", y dice:"Un coloquio se lleva adelante en la forma que un amigo habla a otro amigo, o un sirviente a una autoridad - pidiendo un favor, reconociendo una mala acción,  contando sus preocupaciones y pidiendo consejo. En los coloquios debemos conversar o rogar, según el tema que nos ocupa; es decir, de acuerdo a si me encuentro tentado o consolado; deseoso de poseer una virtud u otra; buscando disponerme a servir; experimentando dolor o alegría por el tema de mi contemplación. Finalmente debo pedir lo que más deseo sobre una circunstancia en especial" (Ej.Espirituales Nos 54,199).

Te puede ayudar acompañarte con un Icono de Cristo, un Crucifijo, una imágen de Cristo Resucitado o un Icon de La Madona y el Niño.

Conclusión

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espiritu Santo,
como era en el principio,
es ahora y siempre será,
por los siglos de los siglos
Amen

Amen

Si apreciaste esta Oración Diaria, y tienes alguna sugerencia o reflexión, estaremos muy contentos de conocerlas.

 

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