• Quietud

    Escucha la Palabra de Dios en ese quieto lugar
    • Al comenzar tu tiempo de oración, presta atención a cualquier sonido que escuches en tu entorno. Puedes estar en un lugar muy silencioso; sin embargo, es posible que algo puedas oir. O puede haber mucho ruido, el clamor de la vida diaria. Puedes estar en un lugar muy silencioso, o podrás escuchar la música que acompaña este tiempo de oración; pero, aunque así sea, siempre podrás escuchar algo. Cualquiera que sea tu entorno, percibe los diferentes sonidos, y presta atención de donde vienen.
    • Ahora trae tu atención hacia tí, y concéntrate en los sonidos más cerca de tí. A los demás sonidos, olvídalos; déjalos en segundo plano. Pero enfócate en todo lo que escuches cerca de tí; en la pieza en que estás, o en cualquier cosa o persona cerca. Presta atención a esos sonidos.
    • Ahora, incluso a estos sonidos déjalos en segundo plano, y dirige la atención hacia tu interior. Encuentra un lugar quieto, dentro de tí, y por un minuto o dos quédate ahí, descansando, en el silencio de tu ser profundo. Y en ese lugar de quietud, presta atención a la Palabra de Dios que te llega en el relato de la próxima mujer que aparece en la narrativa de la Pasión.
       
  • Escritura

    Juan 18:12-17

    Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo».
    Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, mientras que Pedro se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. La muchacha que atendía la puerta dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre». Pedro le respondió: «No lo soy».

     

  • Reflexión

    Trata de imaginar ser parte de estos sucesos en tus oraciones
    • Han sucedido muchas cosas entre la cena en Betania y este incidente en el patio de la casa del Sumo Sacerdote. Jesús se ha presentado todos los días en Jerusalén y ha enseñado en el Templo. En una ocasión “Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo”.Más adelante en la semana, a sus discípulos les dio instrucciones para la preparación de la Pascua; se encontraron en la Sala en el piso superior, y presenciaron la Institución de la Eucaristía. Luego se trasladaron al Monte de los Olivos, y observaron temerosos como Jesús temblaba de angustia en el Huerto de Getsemaní. Entonces los soldados, dirigidos por Judas, llegaron, arrestaron a Jesús y lo llevaron a presentarlo ante el Sumo Sacerdote, donde lo acusaron de blasfemia, la que se castigaba con la muerte. Trata de imaginar haber sido parte de estos sucesos en tus oraciones de hoy. Trata de experimentar cómo era el ambiente, las emociones.
    • Los sucesos de la Semana Santa son tan seguidos y dramáticos que la mayoría de las personas no se fijan en la mujer que estaba en la puerta. Sin embargo, los cuatro Evangelios la citan, y todos concuerdan que la primera negación de Pedro fue provocada por la acusación de ella. Ella es una de las sirvientes del Sumo Sacerdote, y ocupaba el puesto más bajo de la casa, la de portera. A pesar de eso, ella fue capaz de asustar a Pedro y hacerlo negar al amigo a quien había jurado defender hasta la muerte. ¿Cómo visualizas a esta mujer?
    • Juan nos relata que otro misterioso discípulo le habla a ella, quizás preguntando si Pedro podría entrar. ¿Significa esto que uno de los discípulos la conocía bastante bien?
    • Nosotras/os sabemos muy poco sobre ella. ¿Cómo la imaginas? ¿Sólo siente curiosidad por lo que sucede y se pregunta de qué se trata tanto alboroto? ¿O la imaginas de otra forma? Marcos y Lucas la describen como una paidiske, una joven sirvienta, quizás una niña. En este caso su pregunta a Pedro podría haber sido totalmente inocente. ¿Cuándo la curiosidad para averiguar algo de una persona, degenera en chismes insidiosos que pueden herir?

     

  • Habla con Dios

    Quizás hay algo sobre lo que quieres pedirle perdón a Jesús
    • Existe una leyenda – sin mucha base evangélica – que la identifica con el personaje de Rodesa que aparece en los Hechos de los Apóstoles. Esta última es también una portera; pero la casa es de María, madre de Juan Marcos, donde los discípulos se cobijaron luego del arresto de Pedro. Rodesa reconoció la voz de Pedro, y se alegró tanto que se olvidó de dejarlo entrar por ir a avisar a los demás sirvientes de la casa.
    • Pueden imaginar como esta leyenda se desarrolla. Abrumada por el dolor de haber denunciado a Pedro, ella se une a un pequeño grupo de seguidores de Jesús y encuentra un nuevo trabajo en la casa de un cristiano. ¿Muy increíble? Quizás; pero, al igual que Pedro, sufrió el dolor de su denuncia. Quizás también vió a Jesús cuando lo llevaron del patio donde ella estaba. Quizás Él la miró a los ojos, y en su mirada ella vió, no sólo el dolor de lo que había hecho, sino que también un profundo perdón. ¿Has tenido un cambio de parecer como éste? ¿Cuesta creerlo?
    • En los ojos de Jesús nadie está más allá de la redención. A Pedro se le da otra oportunidad. Quizás a la sirvienta también le es dada la gracia de cambiar toda su vida, y así llegar a ser un ejemplo e inspiración para otras. ¿Dónde vez tú esta necesidad de tener otra oportunidad en tu vida?
    • En estos últimos momentos de oración, imagina que estás de pié en ese patio. ¿Qué es lo que ves? ¿Qué llama tu atención? Quizás hay algo por lo que deseas pedir perdón a Jesús. O deseas hablar con Él de lo que has experimentado en este tiempo de reflexión.
       
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