• Quietud

    Toma unos momentos para que tu ser profundo encuentre quietud.

    Siempre ayuda cerrar los ojos y tomar unos momentos para que tu ser profundo encuentre quietud. Estás aquí para recibir una nueva Luz en tu vida. Ruega para ser capaz de contactar tus anhelos más profundos. Señor Jesucristo, dijiste que eras la Luz del mundo y nuestro "Camino, Verdad y Vida". Concédeme poder descubrir cómo acompañarte en esta jornada de Adviento que camina hacia una Nueva Luz, hacia Tí.

  • Escritura

    Mateo 2:9-11a

    Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. ¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez a la estrella! Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. 

  • Reflexión

    En oración, pidamos comprender que nuestro deseo de encontrar a Cristo, es abrazado y transformado por Su deseo de venir hacia nosotras/os.
    • Llegamos al clímax de la jornada de los Magos, al momento en que encuentran a Jesús y lo adoran. Han recorrido la corta distancia de unas pocas millas entre Jerusalén y Belén. Para ellos Jerusalén había sido un lugar de alboroto, e incluso de desolación y oscuridad interior. Pero la luz de la estrella volvió para guiarlos al  pequeño pueblo de Belén, deteniéndose sobre la casa en la cual descubren a María y Jesús. Observen que esta etapa del viaje queda marcada por una “gran alegría”. Si la Jerusalén de Herodes era una ciudad de poder e intriga, Belén muestra ser un lugar sencillo y de oración. Estos dos lugares representan espacios espirituales, no sólo lugares geográficos. Hay momentos en que sabemos que vamos por buen camino, cuando reconocemos la diferencia entre la armonía y la falsedad. Es así que, en profunda consolación, los Magos llegan al momento de la adoración, el clímax de su jornada. El Evangelio nos dice que ellos “entraron a la casa”. Entrar a ese espacio es la invitación que se nos hace en esta etapa de nuestro retiro de adviento.

      San Agustín, en sus Confesiones, nos habla sobre su larga búsqueda, por intermedio de muchas escuelas de filosofía, de encontrar la certidumbre sobre Dios. Eventualmente enfrentó el obstáculo final: “Yo no era lo suficiente humilde para captar al humilde Jesús como mi Dios … No podía siquiera imaginar qué misterio estaba escondido en la Palabra hecha carne” (Libro VII, 24-25). Quizás los Magos también tuvieron que cruzar este sorprendente umbral hacia la adoración.

      Los Magos representar la genuina sabiduría de las tradiciones espirituales fuera del judaísmo. Luego de mucho tiempo, su sabiduría los ha llevado a descubrir al Rey recién-nacido, la meta de toda la jornada. ¿Pero entendían estos sabios del Oriente, la presencia única de Dios en este niño? Mateo no nos dice que sucedía en sus mentes al momento de la adoración; pero las palabras que usa parecen implicar un cierto salto de fe en estos paganos. Se nos dice que ellos “cayeron de bruces y lo adoraron”; en otras traducciones ellos “se arrodillaron y lo adoraron”. 

    • Aquí sucede algo extraordinario. Si imaginamos a los Magos dándose cuenta que este niño es en cierta forma divino, entonces todo cambia para ellos. Su jornada desde el Oriente se encuentra con otra jornada: la de Dios hacia este mundo. Los que buscaban son ahora encontrados por este Niño. Ëste es un momento para detenernos y orar, pidiendo comprender que nuestro deseo de encontrar a Cristo, es abrazado y transformado por Su deseo de venir hacia nosotras/os.
  • La adoración es la forma más elevada de orar, donde el que ora es abrumado por la sensación de la Gloria y la Presencia de Dios.
    • Quizás los Magos tuvieron que cruzar este sorprendente umbral hacia la adoración. ¿Qué es la adoración? Es la forma más elevada de orar, donde el que ora es abrumado por la sensación de la Gloria y la Presencia de Dios. En la Biblia, ella se asocia a la intensa toma de conciencia de tanto la santidad como de la cercanía de Dios, y frecuentemente la respuesta no es sólo espiritual: la persona cae postrada al suelo, como en la visión de Ezequiel (Ez 1:28), o en el encuentro de San Pablo en el camino a Damasco (Hechos 9:4), o al final del Evangelio de Mateo, donde los discípulos “se postraron ante” el Señor Resucitado. Los Magos nos ofrecen el mismo gesto de silenciosa veneración.

      Una traducción del famoso himno “Adoro te devote” captura, en forma notable, lo central de la adoración:
      Divinidad, aquí escondida, a quien adoro…
      Asombrada/o y maravillada/o por el Dios que eres.

      Ese antiguo himno fue escrito para la Adoración Eucarística; pero, igual que el caso de los Magos, la Presencia divina estaba oculta en un niño indefenso. Parece que ellos fueron agraciados, al ser capaces de reconocer lo extraordinario en lo ordinario, y al poder entrar en un espacio de contemplación sin palabras. En este aspecto, la etapa de nuestro retiro nos sugiere una plegaria en silencio. Puede tomar un poco de paciencia conseguir escuchar lo que se llama “la música en silencio”. Es bueno recordar que la posición del cuerpo es importante como una expresión de reverencia. También puede ayudar el repetir una frase, mientras uno se imagina estar presente en estas escenas del Evangelio: “Señor Jesús”, o “Santificado sea tu nombre”, o (dirigida a María) “El Señor está contigo”. Pero no olvides dejar que las palabras se apaguen de a poco hacia un silencio, donde el corazón “asombrado y maravillado”, goza de la Presencia de Jesús. “Gusten y vean cuán bueno es el Señor” (Salmo 34:8).

      Una de las sentencias más sorprendentes de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio aparece cuando él entrega instrucciones al director del retiro (# 15). Él insiste que Dios busca comunicarse directamente con el participante del retiro “inflamando su alma con su amor”, y que el director debía facilitar esta presencia. Este es el espacio de adoración y de transformación, y está abierto a todos en sus propias formas. Nos invita a una callada reverencia, más allá de “un bombardeo de palabras”, como el mismo Jesús lo dice (Mateo 6:7).

      “La contemplación comienza cuando el misterio comienza a revelarse en toda su amplitud… algo imposible ha sucedido. Dios se manifiesta en una vida humana” (Hans von Balthasar). “Dadme Tu Ser, porque Tú eres suficiente para  mí” (Julian de Norwich). Ten la valentía de simplificar la mirada de tu corazón ante esta epifanía, esta Gloria que es a la vez cubierta y descubierta.
       

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