• Ejercicios de Quietud

    Enfócate en el sitio en que estás, y cómo deseas estar al final de esta sesión.

    Ahora instálate, y quédate quieta/o. Hay muchas formas para hacerlo; unos se sientan en una silla, con los pies en el suelo y los ojos cerrados y en una posición cómoda que saben que podrán mantener en el tiempo completo escogido. O sólo podrás escuchar tu respiración, al inspirar y espirar, sin cambiar su ritmo, sólo entrando en el silencio y en la milagrosa y vivificadora acción de respirar hacia adentro y hacia afuera.

    Otra forma de quedarte quieta/o, es darte cuenta de los ruidos a tu alrededor, o incluso dentro de ti; cáptarlos suavemente y luego déjalos ir.
    Podrías hacer lo mismo con las emociones que sientes en ese momento: enojo, temor, satisfacción, felicidad, o una mezcla de todas ellas: sólo nómbralas, detéctalas, y luego déjalas ir.
    Entonces, cuando hayas llegado a la quietud, aunque sea por unos instantes, vuélvete hacia Dios y dile: “Aquí estoy Señor; habla, tu sierva/o escucha”. O puedes adoptar otra forma de realizar la transición hacia el estado de oración.

  • Invitación

    La riqueza de la Palabra está más allá de todo lo que podemos imaginar

    Esta semana la comenzamos conociendo este notable relato, el cual Mateo coloca inmediatamente después del Sermón de la Montaña. Te darás cuenta que la interpretación que presento es diferente de lo que hayas podido escuchar o leer, y probablemente diferente de cualquier otra que hayas conocido; pero permite que esa diferencia te hable en la riqueza de la Palabra, que siempre está más allá de todo lo que podemos imaginar, siempre presentando un nuevo desafío.

  • Escritura

    LECTURA

    Mateo 8:1-4

    Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres.
    Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él, y le dijo: “Señor, si tú quieres, puedes limpiarme”. Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo. “Quiero, queda limpio”. Al momento, quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “Mira, no se lo digas a nadie; pero vé a mostrate al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración”.

     

     

  • Reflexión

    ¿Por qué crees que la muchedumbre siguió a Jesús?
    • Cada semana, te presentaré distintos temas para meditar en relación a este texto. Por favor, no te sientas obligada/o a usarlos todos los días, o incluso ninguno de ellos. Lo que importa es que sigas hacia donde el Espíritu te guíe. No se trata de un temario que debes “cumplirlo”. Estamos recorriendo una jornada desde la Cuaresma hasta la Semana Santa, que tomará dististas formas para cada una/o de nosotras/os, y eso es todo lo que importa.

      El primer tema es lo que sucedió inmediatamente antes. Mateo nos dice que, después del Sermón de la Montaña, “Él les enseñaba como una persona con autoridad, y no como sus escribas”. Aquí Mateo se refiere a lo que habría encontrado en el Evangelio de Marcos, donde se indica la capacidad de Jesús de enfrentar a demonios; pero ahora que Mateo ha agregado el Sermón, adquiere un significado mucho mayor. ¿Reconoces la autoridad en este relato?

      Podrás darte cuenta que Mateo habla de “sus escribas”, lo que crea una cierta distancia. Más adelante, los escribas serán vistos como enemigos de Jesús, el que los denuncia vigorosamente por su rigidez, falta de misericordia y aplicación forzada de la Ley. ¿Reconoces estas personas? ¿Te has sentido alguna vez tentada/o a ser rígida/o en la aplicación de la ley? ¿Qué tiene esto que ver con misericordia?

      “Las Montañas” son muy importantes en el Evangelio de Mateo. Acabamos de mencionar el “Sermón de la Montaña”, por supuesto; pero hay otros lugares de oración y sanación en este Evangelio. Además, es en una “montaña” que Mateo coloca la escena de la despedida final de Jesús al acongojado grupo, mostrando su “misericordia” al dolido grupo de los once.
      ¿La “montaña” te habla de alguna manera?

      Escuchamos que “empezaron a seguirlo muchedumbres”. La palabras “seguirlo” se refiere al discipulado; pero también, y obviamente, tal como al Papa Francisco, la muchedumbre reconoce la misericordia de trae Jesús, en el contexto de la rigidez de las autoridades religiosas que se oponen a Él. ¿Porqué piensas tú que la muchedumbre seguía a Jesús?
       

  • Habla con Dios

    ¿Qué efectos causa en tí la misericordia sanadora de Jesús?
    •  “Mirad – un leproso”. Esa palabra “mirad” parece sin importancia; pero actualmente Mateo la usa a menudo, y el punto es que la coloca para llamar nuestra atención y permanecer alertas. Lamentablemente, muchos traductores piensan que es una palabra tan sin importancia que la dejan fuera del texto. ¿Qué es lo que escuchas en esta palabra?

      Luego escuchamos que el leproso “comenzó a adorarlo”. La palabra “adorar” es muy importante en el Evangelio de Mateo. Eso fue lo que los Magos de Oriente vinieron a hacer, en el capítulo 2, y lo que el Rey Herodes dijo que quería hacer (pero sabemos lo que quería decir con eso). A medida que recorres este Evangelio, verás que la palabra representa la forma correcta de aproximarse a Jesús. Por lo que el leproso lo reconoció bien; y también nos damos cuenta que se dirigió a Jesús como “Señor”. Por lo que tenemos la seguridad que, a pesar de su repugnante condición, él va a recibir la misericordia del Señor.

      El leproso continúa: “si tú quieres, puedes limpiarme”. Es una declaración notable, y contiene la seguridad que Jesús tiene poder sobre nuestras peores aflicciones, y puede sanarnos. Sin embargo, también notamos la primera palabra “si”; el leproso admite algo de duda sobre si Jesús es tan benevolente como parece. ¿Crees que Jesús es a la vez poderoso y benevolente? ¿Y es misericordioso?

      Ahora viene un hecho increíble, para no decir uno que rechazamos: “Él extendió la mano y lo tocó”. Los primeros escuchas de Mateo deben haber emitido un fuerte “¿Qué? en ese momento, pues tocar un leproso es un acto muy peligroso y repugnante. Pero quizás podemos recordar la forma en que el Papa Francisco expresa la misericordia amorosa de Jesús, al abrazar a personas marginadas de la sociedad, incluso aquellas que sufren toda clase de enfermedades y deformidades. ¿Qué sentiste cuando Jesús tocó al leproso?

      Apenas podemos esperar la respuesta de Jesús … y llega: “Sí, quiero”, la que resuelve la duda si es benevolente o no. ¿Qué efecto tiene para ti observar la misericordia sanadora de Jesús?

      El efecto de lo que Jesús ha hecho es inmediato: “quedó limpio de la lepra”. Imagina lo que debe haber sentido el leproso mientras escuchaba las severas instrucciones de Jesús:
      1. “No se lo digas a nadie” (como si eso fuera posible; pero Jesús quizás deseaba evitar ese tipo de publicidad)
      2. “vé a mostrate al sacerdote” (de otra manera el hombre no podría reincorporarse a la sociedad).
      3. “ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés”. Como ven, Jesús, un buen judío, actuando con los parámetros de la Ley Judía, incluso al proveer la misericordia de Dios contra los deseos de los religiosos y legalistas judíos.
      4. “pues tú tienes que hacerles una declaración”. ¿Ante quien debe declarar? No sabemos; pero quizás se trata de un mandato del Antiguo Testamento, en el cual debían presentarse varios testigos.

      ¿Qué piensas de estas instrucciones? ¿Y cómo responderías si Jesús te las diera? Presenta ahora tus respuestas y sentimientos ante Él, lo más honestamente que puedas.
       

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