• Atribución

    La reflexión contenida en esta sesión se ha editado en base al libro de James Martin, “Seven Last Words”, con el permiso de la editorial Harpér Collins.

  • Quietud

    A menudo, se nos regala momentos de luz, que nos recuerdan que Dios es con nosotros.
    • En nuestro mundo, a veces muy oscuro, se nos regala momentos de luz, que no sólo iluminan nuestro camino; además nos recuerdan que Dios es con nosotros. Mientras te instalas para la oración de hoy, pon atención sobre esa luz, que revela todo y que nos conforta a todos.

       

     

  • Invitación

    ¿Puedes pensar en un momento de perdón total?
    • ¿Puedes pensar en un momento de perdón total? Podría ser en una de esa noticias que aparecen en televisión o en periódicos, de hombres y mujeres perdonando a personas responsables de crímenes horribles, cometidos contra ellos o contra miembros de sus familias.
    • Ahora, piensa en una situación parecida en tu propia vida. Dirías: “Nunca podría perdonar, Es imposible.” Quizás tu marido, o tu esposa te ha engañado, un amigo íntimo te ha traicionado, o un socio te ha defraudado. Podrías decir: “Este pecado es muy grande.” Si has conocido un momento como éste, recuérdalo mientras escuchas las lecturas de hoy.
  • Escritura

    Lucas 23:26-37 

    Cuando lo llevaban, encontraron a un tal Simón de Cirene que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque llegarán días en que se dirá: «Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las que no dieron a luz ni amamantaron». Entonces dirán: «¡Que caigan sobre nosotros los montes, y nos sepulten los cerros!» Porque si así tratan al árbol verde, qué harán con el seco?» Junto con Jesús llevaban también a dos malhechores para ejecutarlos. Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. (Mientras tanto Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».) Después los soldados se repartieron sus ropas echándolas a suerte. La gente estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: «Si salvó a otros, que se salve a sí mismo, ya que es el Mesías de Dios, el Elegido». También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron vino agridulce diciendo: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

  • Reflexión

    Jesús ve a las personas como realmente son.
    • ● Observa cuidadosamente lo que hace Jesús en este relato. Si alguien tenía todo el derecho a no perdonar, era Jesús. Si alguien tenía el derecho de estallar en ira, era Jesús. Si alguien tenía el derecho de creerse perseguido injustamente, era Jesús. Y, sin embargo, aunque los soldados romanos no se le mostraron arrepentidos, Jesús no sólo los perdona, sino que ora por ellos. Observa que Jesús, al decir “Padre, perdónalos”, ¡está orando por ellos! 
    • Ahora considera la frase “No saben lo que hacen”. Ésta frase es clave. En el caso de Jesús en la Cruz, muchos eruditos creen que probablemente significa “ellos no saben que lo están haciendo al Hijo de Dios”. Pero el pecado causa que algunas personas no piensen claramente. Esta percepción puede ayudarte en tu camino al perdón.
    • ● Jesús siempre ve. Y ve más allá de lo que ven los que le rodean. Ve a las personas como realmente son. Cuando ve a la mujer acusada de adulterio, no sólo ve su pecado; ve una persona necesitada de ser perdonada y de ser sanada. Jesús hace lo mismo desde la Cruz. No sólo ve a los que lo ejecutan. Ve a personas tomando decisiones horribles, a lo mejor forzadas para hacerlo. Él los ve, por lo que los ama, por lo que los perdona.
    • El perdonar es un regalo que das al otro, y a ti mismo. Jesús lo sabe. Y no solo nos lo dice varias veces en los Evangelios. Nos enseña incluso desde la Cruz. 

       

  • Habla con Dios

    El perdón verdadero es un regalo de Dios
    • Ahora, veamos la gran pregunta: ¿Cómo lo haces? Podrías desear perdonar; pero sentirte incapaz de hacerlo. Deseas dejar que tu resentimiento se vaya; pero honestamente sentir que no tiene el poder para hacerlo. ¿Cómo te sientes en este momento sobre una situación en particular? ¿Sientes amargura? ¿Qué no tienes el poder? ¿Deseas perdonar?
       
    • Si sientes ese deseo, es un buen comienzo, porque el perdón verdadero es un regalo de Dios. Es una Gracia. Si no cuentas con ese deseo, ¿por qué no le pides esa Gracia a Dios?
    • Al parafrasear a San Ignacio, incluso si no tienes el deseo de perdonar, si solo tienes el deseo de desearlo, es suficiente. Dios puede trabajar con eso. Ofrece al Señor lo que sientes en tu ser profundo.
    • Así es que podrías pensar, “Bueno, no lo puedo hacer.” Y tienes razón. No puedes. Pero Dios lo puede. Mientras las oraciones de este día concluyen, permanece sentado junto a todo lo que te has sentido en este tiempo de reflexión, lo bueno, lo malo, todo lo que te desafió, o te llevó más cerca de Dios. 
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