• Quietud

    Puedes comenzar a relajarte al respirar profundo, e imaginar que estás entregando todo esto a Dios

    La reflexión contenida en esta sesión se ha editado en base al capítulo 5 del libro de James Martin, “Seven Last Words”, con el permiso de la editorial Harper Collins.

    Mientras hoy llegas a la presencia de Dios, presta atención a cómo estás en tu cuerpo. ¡Tienes frío, o calor? ¿Estás cómodo, o no? ¿Relajado, tenso? Presta atención a tus pies en contacto con el suelo, y en lo que tienen puesto … sigue desde ellos hacia arriba, a tus hombros, fijándote lo que sientes al hacerlo … Haz lo mismo con tus dedos, manos, brazos, hasta tus hombros … a menudo los hombros están tensos … si es así, trata de relajarlos … luego llega a la cabeza  y a los músculos faciales alrededor de los ojos, la boca, la mandíbula. . . trata de relajarlos … puedes comenzar a relajarlos al respirar profundo e imaginar que estás entregando todo esto a Dios . . . dejando que las tensiones se vayan. ¿Hay alguna cosa que tu cuerpo desea decirte hoy?

  • Invitación

    Jesús sufrió de dolores de cabeza, del estómago, de influenza, y quizás se dislocó un tobillo. Como todos nosotros,
    • Jesús posee un cuerpo humano. Déjame repetirlo: Jesús posee un cuerpo. Algunas personas tienen dificultad en aceptar la humanidad de Jesús. Otros nos enfocamos en relatos que parecen destacar su divinidad: el Hijo de Dios que caminó sanando los enfermos, resucitando personas, acallando tormentas, todo este tipo de milagros que se relacionan con su poder divino.

      ● Dejemos las cosas claras, otra vez; Jesús nació, vivió y murió. El niño llamado Yeshua, su nombre en arameo, llegó a este mundo tan desvalido como cualquier recién nacido, e igual de dependiente de sus padres. Necesitó ser cuidado, alimentado, y cambiado de pañales.

      ● Jesús posee un cuerpo humano. Sabemos que se cansó, de cuando en cuando. En un relato del Evangelio, se duerme en una barca cruzando el Mar de Galilea. Jesús sufrió de dolores de cabeza, del estómago, de influenza, y quizás se dislocó un tobillo. Como todos nosotros, Jesús sudaba. Estornudaba y se rascaba. Todo lo propio del cuerpo humano, lo experimentó, salvo el pecado. Estas experiencias corporales incluyen el hambre, y como escuchamos hoy en el Evangelio de Juan: la sed, mientras estaba en la Cruz.
       

  • La Palabra de Dios

    Juan 19:28-29

    Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. 

  • Reflexión

    Jesús comprende muy bien lo que estás sufriendo físicamente.
    • Piensa en el momento en que estuviste más sediento. A lo mejor estabas en una carrera, una húmeda mañana de verano; o caminabas por la calle en una tarde calurosa, o estabas en el hospital, y la enfermera se olvidó de llevarte un vaso de agua. Recuerda lo bueno que fue el primer sorbo de agua. Sentías que no podrías aguantar ni un minuto más; cuando al final esa agua bajó por tu garganta, era gloriosa y tan agradable.

      ● La crucifixión era una de las formas más agonizantes para morir. Bajo el sol inclemente de Judea, Jesús sintió mucha sed, porque poseía un cuerpo humano.

      ● Todos los que participan en este retiro sufren de algún malestar físico que representa una cruz en sus vidas. Quizás es algo pequeño, como un resfrío. Quizás es algo mayor, como una enfermedad crónica que te deja sin energías. Quizás es algo todavía mayor, como una enfermedad que amenaza tu vida. En especial, cuando esta cruz es muy pesada, Dios nos parece lejano. Y nos preguntamos: “¿Le importará a Dios?” Pero Jesús comprende muy bien lo que estás sufriendo físicamente. Dios posee un cuerpo. De hecho, Dios tiene un cuerpo, porque Cristo ha resucitado, en realidad y en verdad.

      ● El Cristo Resucitado lleva en sí mismo las experiencias de su humanidad, y ellas incluyen sus sufrimientos. Recuerda que en una de las primeras veces que apareció, luego de resucitar, le mostró sus heridas a los discípulos. Como Jesús le dijo al apóstol Tomás: “Por aquí tu dedo y mira mis manos. Extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.”
       

  • Habla con Dios

    Dios desea una relación contigo.
    • Por lo tanto, cuando tú oras, no lo haces sólo para alguien que te comprende porque es sabio, cariñoso y compasivo. También lo haces para alguien que te comprende porque experimentó todo lo que te ha pasado.

      ● Mucha gente en el mundo sufre de sed todos los días. El agua potable no está al alcance de todos. Como sabemos que en el Cuerpo de Cristo estamos todos nosotros, todas nuestras hermanas y hermanos, puedes decir que el Cuerpo de Jesús está sediento en este momento, y sufriendo por eso. Por lo que, si estás triste por lo que el Cuerpo de Cristo sufrió de sed en la Cruz, hace dos mil años, y por eso se te llenan los ojos de lágrimas, entrega tus lágrimas por los miembros de su Cuerpo que están sedientos ahora mismo. Llora por aquellos que sufren hoy día: hambre, sed, desnudez, prisión, tortura, hambruna, asaltos o abusos. Llora y haz algo por ellos. ¿Qué podrías hacer para ayudar a los sedientos?  

      ● Al terminar esta sesión del retiro, recuerda que Dios desea que tú le ores, Dios desea una relación contigo. Tanto es así que Dios bajó a la tierra y sufríó por ti. Es una de las razones de porqué Jesús viene hacia nosotros: para ayudarnos a establecer esa relación. Dios la desea mucho. Se podría decir que Dios tiene sed de esa relación. Por eso, habla con Dios sobre todo lo que has encontrado en esta sesión, y alégrate de tu relación con Él.
       

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