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<!--// Del 19 al 25 de febrero //-->

Hay un momento en nuestra oración que nos lleva más allá de palabras y pensamientos: lo difícil es dejar de pensar. Un místico contaba que Dios le decía: "No me interesan tus pensamientos: me interesas tú". Así es que, para prepararnos a orar, podemos enfocarnos en algo distinto a nuestra mente. "No te muevas y siente que soy Dios". Dejo de moverme. Me concentro en lago físico: en mi respiración, en los sonidos que me llegan, o en mi piel, que me envuelve completamente. Entonces le cedo espacio al Dios que me engendró, que es más central a mi ser que mi propia mente, aunque está más allá de mi imaginación.

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