• Quietud

    Piensa en la naturaleza de este tiempo del año. ¿Cómo es el día de hoy? ¿Qué es lo que vez o imaginas?
    • Si estás cerca de una ventana, mira hacia afuera. Si no, piensa en la naturaleza de este tiempo del año. ¿Cómo es el día de hoy? ¿Qué es lo que vez o imaginas? Si está ventoso, obsérvalo por unos momentos.
    • Si deseas, sale fuera y busca un árbol con o sin hojas o una flor fresca o marchita, que hablan del clima de esta temporada. Y acepta todo lo que suceda.

     

  • Lectura

    • En Isaías (11:1) leemos: “Una rama saldrá del tronco de Jesé, un brote surgirá de sus raíces”. Jesé era el padre del rey David, y los judíos creían que el Mesías sería de la línea de David. Los cristianos creen que Jesús fue el cumplimiento de esa profecía. La raíz de Jesé representa los antepasados de Jesús. Y Jesús es un brote que se convertirá en una flor que irrumpe en la vida.
    • En el Evangelio de Lucas (1:67-79), Zacarías, el padre de Juan el Bautista habla de lo que Dios está haciendo en esos tiempos, por intermedio de Jesús (y también de Juan):

    Su padre, Zacarías, lleno del Espíritu Santo, empezó a recitar estos versos proféticos:
    Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
    porque ha visitado y redimido a su pueblo.
    Ahora sale triunfante nuestra salvación
    en la casa de David, su siervo,
    como lo había dicho desde tiempos antiguos
    por boca de sus santos profetas:
    que nos salvaría de nuestros enemigos
    y de la mano de todos los que nos odian;
    que nos mostraría el amor que tiene a nuestros padres
    y cómo recuerda su santa alianza.
    Pues juró a nuestro padre Abraham
    que nos libraría de nuestros enemigos
    para que lo sirvamos sin temor, justos y santos,
    todos los días de nuestra vida.
    Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo,
    porque irás delante del Señor para prepararle sus caminos,
    para decir a su pueblo lo que será su salvación.
    Pues van a recibir el perdón de sus pecados,
    obra de la misericordia de nuestro Dios,
    cuando venga de lo alto para visitarnos
    cual sol naciente,
    iluminando a los que viven en tinieblas,
    sentados en la sombra de la muerte,
    y guiar nuestros pasos por un sendero de paz.

  • Reflexionar

    Deja que tu ser sea el que es, y donde estés. Y deja que Jesús sea quién Él es.
    • En el hemisferio norte estamos en pleno invierno. Casi nada crece. Los árboles y los arbustos duermen. La mayoría de las flores se han ido hace semanas. Esta escena afecta nuestra alma. Podemos sentir que apenas vivimos en medio del invierno. Y el invierno puede representar el estado de nuestras almas o incluso el estado de la humanidad aprisionada por el abandono.
    • ¿Dónde, en el mundo o en tu Iglesia, o en tu propio ser, aparece esta falta de vida y de color?
    • Bajo la tierra, la naturaleza aguarda su momento; pero no está inactiva. De los bulbos brotan raíces, las semillas anticipan la primavera en las heladas, y comienzan a brotar, listas para un clima más tibio. (podemos recordar a Jesús diciendo: Si un grano de trigo no cae a la tierra y muere, seguirá sólo como un grano, sin vida). Las raíces de los árboles siguen activas, buscando y juntando la riqueza del terreno, preparando las energías para el crecimiento primaveral.
    • Ésta es una buena imagen para rezar, especialmente cuando nada, o casi nada parece estar sucediendo. Si está seco, ¿puedes dejarlo tal como está, y confiar en que Dios sabe lo que está haciendo? Quédate en ese Dios por unos momentos. No fuerces los brotes de primavera. Deja que tu ser sea el que es, y donde estés. Y deja que Jesús sea quién Él es.
  • Hablar con Dios

    El tiempo de espera del Adviento nos invita a detenernos y articular, para Él, el deseo que venga a nosotros, que haga raíz en nuestros corazones
    • La humanidad esperaba la venida del Mesías, durante muchas generaciones, y la espera debe haber parecido a veces sin esperanza. Continuamos a esperar que Él venga a nosotros, a romper la dura cáscara de nuestros corazones, y agregar color a nuestras monocromáticas vidas. El tiempo de espera del Adviento nos invita a detenernos y articular para Él, el deseo que venga a nosotros, que haga raíz en nuestros corazones, que florezca en nosotros…
    • Habla con Él de tu deseo: que venga a tí.
    • ¿Deseamos también florecer y dar fruto con Él? Él viene a nosotros y entonces deseamos llevarlo a los demás… dar de nosotros… agregar un poco de luz, de calor y de color a un mundo necesitado.
    • Habla con Él de tu deseo de ir a Él, y de trabajar con Él.
    • Aquí aparece un paralelo con el tiempo de Semana Santa, el que es evidente en este verso final de un conocido himno de Semana Santa:

    Cuando nuestros corazones están fríos, apenados o doloridos,
    Tu Presencia nos puede volver a la vida nuevamente;
    Campos de nuestros corazones que han estado muertos y secos:
    El Amor ha llegado de nuevo, como el trigo verde de la primavera.

    • Bajo la superficie, el amor ha vuelto de nuevo. Oh brote de Jesé; Oh flor de la rama de Jesé.
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