• Quietud

    Juan era una voz en el desierto. ¿Puedes estar suficientemente quieto para escuchar su voz en tu propio desierto?

    La mayoría de nosotros se incorpora más plenamente en oración, si nos tomamos un tiempo para quedarnos quietos. Al comeinzo de cada sesión, te sugeriremos un ejercicio de quietud y te guiaremos en su desarrollo. Para hoy, tomemos unos momentos para usar nuestra respiración para entrar en quietud. Comienza por detectar tu respiracion, el sonido de ella, y su ritmo. No necesitas cambiarlo. Percibe el aire que entra en tu cuerpo, llena tus pulmones, sostiene tu vida, y luego se retira. Al inhaler, inspira el amor que Dios te tiene. Al exhalar, deja salir todo lo que deseas compartir con Dios, o todo lo que deseas se vaya, y entrégalo a Dios. Repite esto durante tres respiraciones profundas. Juan era una voz en el desierto. ¿Puedes estar suficientemente quieto para escuchar su voz en tu propio desierto?

  • Lectura

    Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos..

    Mateo 3:1-4
    Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea; éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.»

    Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos.

    Además de la piel que le ceñía la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre.

  • Reflexión

    “¡arrepiéntete!” “¡da la vuelta!” “¡comienza de nuevo!”

    Juan Bautista es un personaje muy especial, y podríamos encontrarlo algo extraño en una primera mirada. Alguien que se viste en esa forma y que come langostas y miel silvestre, probablemente no es una persona con la cual uno desearía pasar un momento tranquilo! Pero esto es verdad en el caso de todos los grandes profetas: es inconfortable estar con ellos,  rechazan la forma en que vemos las cosas, y nos obligan a enfrentar esas características nuestras que preferimos ignorar. Y esto es exactamente su mensaje: “¡arrepiéntete!” “¡da la vuelta!” “¡comienza de nuevo!”

    El escritor y profesor Richard Rohr OFM, explica que la palabra que generalmente es traducida al inglés como “arrepentirse” es un vocablo griego que significa “da vuelta tu mente” o “cambia”. Juan desea que cambiemos nuestra forma de ver las cosas, y que nos veamos, y veamos al mundo en forma diferente. Él desea que nos veamos, y veamos al mundo en verdad, tal como es, y no en la forma como lo imaginamos, o nos gustaría que fuera. Y desea esto por una muy buena razón: es porque “el reino de Dios está cerca”. Dios está pronto a llegar y vivir entre nosotros, en la forma humana de Jesús, tal como nosotros.

    Dios está mostrándonos que nuestros cuerpos humanos, y nuestras almas, imperfectas como son, son amadas por Dios, hasta el punto que Dios está feliz de compartirlas con nosotros. Dios desea que veamos las cosas como Dios las ve. Más adelante, Jesús tratará de sacudir la visión de la realidad de la gente. Él nos dirá (entre otras cosas) que Dios es como el Padre del Hijo Pródigo; nunca pronunciando una palabra de enojo; deseando solamente celebrar el retorno de su hijo; amando a ese hijo en toda su suciedad y fracaso; lleno de felicidad porque ese hijo a vuelto nuevamente a casa

  • Habla con Dios

    • ¿Qué significa un nuevo comienzo para mí, hoy, en este momento, mientras me preparo para orar? Reflexiono honestamente sobre mí mismo. ¿Poseo caraterísticas que no me atrevo enfrentar? ¿Cuáles son? ¿Existen en mi vida muestras de un comportamiento enfermizo, una adicción, una relación peligrosa? Me vuelvo hacia Dios, que me conoce mucho mejor que como yo me conozco, y que me ama profundamente. Imagino a Jesús, de pie a mi lado, observándome con amor. Permito que ese Amor me llegue. Le pido me ayude a enfrentar estas sombras en mí, que necesitan ser traídas hacia la luz.

    • Ahora observo a los que me rodean, mi familia, mis amigos. ¿Es posible un nuevo comienzo en alguna de esas relaciones? ¿Hay algo que necesita ser cambiado, que necesita que yo vuelva mi mirada y vea en otra forma esa relación? Traigo en mi mente a esos que amo, esos con los cuales mi vida está interconectada, a ingresar a este espacio sagrado, y hablo con Jesús sobre mis relaciones, sobre lo que puedo cambiar y lo que no puedo cambiar. A veces un nuevo comienzo en una relación, significa aceptar que yo no puedo cambiar como es otra persona.

    • Y ahora me vuelvo a esas personas que cruzan mi vida todos los días; pero que no forman parte de mi círculo de amigos. Pienso en compañeros de trabajo, en las personas que me atienden en tiendas y cafés, mendigos que veo todos los días en las calles, refugiados, turistas. ¿Cuál es mi actitud hacia estas personas, que, igual que yo, son amadas por Dios? ¿Los trato con respeto y amabilidad? ¿Los juzgo? ¿Soy arrogante frente a ellas? ¿Hay un posible nuevo comienzo aquí? Hablo con Jesús sobre mi comportamiento con otras personas.

    • Finalmente, le pido a Dios su ayuda para que pueda aceptarme a mí mismo. Su ayuda para que me dé cuenta del gran Amor que recibo de Él. Pido por mi salud, por la luz, la esperanza y la alegría. Pido me muestre un pequeño primer paso que hoy pueda tomar hacia un nuevo comienzo. Y entonces, dedico un tiempo, en quietud, para escuchar lo que Dios desea decirme.

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