• Quietud

    Fíjate dónde estás, cómo estás, qué te está sucediendo. Entrégaselo todo a Dios, y luego pide por lo que buscas en esta oración

    Usar un mantra nos puede ayudar a aquietarnos en la agitación de nuestras vidas. Toma unos minutos para tranquilizarte en este momento de oración. Fíjate dónde estás, cómo estás, qué te está sucediendo. Entrégaselo todo a Dios, y luego pide por lo que buscas en esta oración. Puede ser conocer mejor a Jesús como Señor o Mesías o amigo o simplemente, más íntimamente. Toma la palabra Marantha del Arameo que significa “Ven oh, Señor” y repite esa palabra mientras respiras. Marantha. Repite esta palabra por un par de minutos y si te distraes, simplemente vuelve a la palabra.

  • Lectura

    Y María dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada

    Lucas 2:1-20
    Por aquellos días Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el Imperio romano. Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria.  Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo.
    También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la Ciudad de David, para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba encinta y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.

  • Reflexión

    Así es que, en esta cuarta semana de Adviento, llegamos al gran nuevo comienzo de todo – el nacimiento de Jesús. Por supuesto, que fue un nuevo comienzo para toda la humanidad, porque Dios ha venido a vivir entre nosotros, como uno de nosotros. Sin embargo, por raro que pueda parecer, también fue un nuevo comienzo para Dios también. Dios es eterno. Dios nunca tuvo un comienzo y nunca tendrá un fin. Pero en el nacimiento de Jesús, Dios estaba empezando algo nuevo – Dios estaba empezando a vivir una vida humana, con todo lo que eso implica –incluso la muerte.

    Y, ¿qué significa esto para mí? ¿Qué importancia tiene este evento de más de dos mil años atrás para mi vida actual? San Pablo nos dice que cuando Dios se hizo humano en la persona de Jesús, Jesús, como si se hubiera “vaciado” a sí mismo de su divinidad, para poder experimentar completamente su nueva humanidad. Él no se aferró a su divinidad, sino que se hizo exactamente igual a nosotros. San Lucas nos dice que creció –no sólo físicamente, pero también en sabiduría y conocimiento. Como Dios, sabía todo; como hombre, tenía que aprender, poco a poco, tal como lo hacemos nosotros. Este completo “desprendimiento” por parte de Jesús tiene algo que enseñarme. ¿Tengo la tendencia a aferrarme a algo del pasado? ¿Me impide esto que me involucre totalmente en el momento presente y en toda la novedad que tiene para ofrecerme? ¿Estoy tal vez perdiéndome los regalos que Dios me ofrece ahora, en el momento presente, que es lo único real? El pasado, ya pasó; el futuro no existe todavía. Solo en el presente encontraré a Dios.

  • Habla con Dios

    • Me imagino a Jesús sentado aquí conmigo. En su presencia, reflexiono honestamente en lo que me podría impedir empezar verdaderamente de nuevo, ahora mismo, en este momento presente. Le pido que me muestre si me estoy aferrando a algo que no ayuda, que no vivifica, que tal vez incluso sea tóxico.

    • ¿Tengo miedo de desprenderme de alguna adicción, porque la vida parecería insoportable sin ella? Pido a Jesús que me ayude a confiar en Él lo suficiente para dar el primer paso, por pequeño que pueda ser. Puede ser simplemente reconocer que tengo una adicción y necesito ayuda. Pido el regalo de la esperanza, que me permitirá ver que un nuevo comienzo y una nueva vida es posible.

    • O, ¿estoy apegada a algún rencor que me evita aceptar un nuevo inicio en alguna relación que ha sido dañada? Pido a Jesús que me ayude a librarme de ese confortable rencor, detrás del cual me puedo estar ocultando, y a tener una visión clara para ver lo inútil que es.

    • Tal vez mi vida ha cambiado de alguna manera en que me cuesta aceptarlo y me estoy aferrando desesperadamente al recuerdo de cómo las cosas acostumbraban a ser. Hablo a Jesús sobre esto, pidiéndole fuerza para dejar ir el pasado, y moverme hacia el presente con todas sus posibilidades de nueva vida y mayor libertad, siempre que yo tan solo pueda acogerla.

    • Ahora me siento calladamente con Jesús y le permito hablarme y reafirmarme que todos sus regalos son vivificantes.

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