• Desprendiéndose | Oración Preparatoria

    Con el objeto de estar realmente presente en la sesión de oración de hoy, toma un momento para prepararte. Esto requiere alcanzar la quietud, en forma literal y figurativa.

    Primero, encuentra un buen lugar para orar. Si estás confinado en tu habitación, no tienes elección. Pero recuerda, la oración se trata de una conexion real, y no de percibir una perfección. Por eso, encuentra el mejor lugar que puedas.

    Segundo, toma contacto con lo que necesitas para ser llevado a la quietud. Podrías pensar en tres lugares: tu cabeza, tu corazón y tu cuerpo.

    Observa lo que sucede dentro de tu cabeza. ¿Qué es lo que piensas hoy y en qué se diferencia de lo que pensabas ayer? Que no te atrape ningún pensamiento en particular. Sólo observa cómo son tus pensamientos.
    Observa lo que sucede dentro de tu corazón. ¿Que es lo que sientes hoy día, y cómo eso es único para éste día? Nuevamente, no quedes atrapado en ningún sentimiento, Sólo obsérvalos a todos.
    Observa lo que sucede en tu cuerpo. ¿Cómo se siente hoy, y se sentía ayer? Observa las sensaciones que tiene: conformidad, desconformidad, dolor, cansancio, inquietud.

    Ahora observa tu respiración. Quizás hoy tienes dificultad para respirar. Si es así, no te alarmes y respira lo mejor que puedas. Mientras lo haces, reconoce que cada respiración, aunque sea difícil, es un signo del regalo de la vida en tu interior. Agradece a Dios por éste regalo.

    Mientras estás sentado, respirando y agradeciendo a Dios, permite a tu cuerpo que se vuelva pesado. Permite que una sensación de quietud te llegue. Esto puede tomar unos minutos. Guárda esta sensación hasta que te sientas preparado para proceder con nuestra sesión de oración para el día de hoy.

  • Tema de la Oración: Desprendiéndose

    Una fría mañana de primavera, una mujer se puso a trabajar en sus rutinas diarias, regando y limpiando su jardín posterior. El sol  brillaba y el aire estaba claro. “ Esto será fácil, trabajar en estas condiciones”, se dijo a sí misma.

    Preparó la tierra seca para regarla, y con la pala donde era necesario. A los diez minutos ella  tenía mucha energía: estaba haciendo bien las cosas y eso le gustaba. Después se acercó a la llave que estaba afuera para conectar la manguera. Abrió la llave, y nada. Quedó confundida por unos segundos, mirando desde la llave hasta la punta de la manguera, para convencerse de que estaba confundida (y crecientemente molesta). Luego movió un poco la manguera y, de nuevo no funcionó.

    Se alejó de la llave y al hacerlo pisó la manguera y esta emitió un crujido inusual. Se paró en otra parte de la manguera y salió el mismo sonido. En un instante se dio cuenta de cuál era el problema: la manguera estaba llena de agua congelada. El sistema estaba totalmente lleno y no había nada más que hacer. “Bien, por lo menos sé cuál es el problema”, se dijo a sí misma. ¿Qué puedo hacer para arreglarlo?

    A continuación y durante quince minutos estuvo caminando encima, moviendo y sacudiendo  la manguera. Incluso le echó agua caliente, pero no supo cómo calentar a todo lo largo de la manguera para arreglar el problema.

    Se detuvo y admitió su derrota. No había nada que pudiera hacer para que funcionara y pudiera realizar su riego. Al estar ahí de pie un pensamiento se le cruzó por la mente. Recordó su felicidad anterior ante el hecho de que trabajaría en un día radiante. Miró hacia arriba y vio un cielo azul con un fuerte sol primaveral brillando en el medio, y se le clarificó la solución.

    Su trabajo consistiría en quedarse unos pocos minutos afuera y no hacer absolutamente nada, a pesar de la presión que sentía para terminar su tarea. En  algunos aspectos se asemejaba a la manguera: llena hasta el tope de pensamientos, planes, preocupaciones y el miedo a no terminar haciendo las cosas.

    Su trabajo era dejar que el sol siguiera lo que ya estaba haciendo calentando y facilitando todas las dificultades. Ella estaba impidiendo esta solución y tomando mucha responsabilidad. Por tanto, bajó la manguera y dejó que el sol continuara con su gentil trabajo. Tomó desayuno y se dio un tiempo para pensar en la naturaleza que le había revelado esta situación. A su tiempo, el agua de la manguera se derritió y, ya descansada, se puso a trabajar.

  • Escritura

    Mateo 11:28-30   “Vengan a mí todos Uds. que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. Acepten el yugo y aprendan de mí  porque soy gentil y humilde de corazón, y así encontrarán descanso Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.”

    Salmo 51:10   “Crea en mí un corazón puro, oh Dios, y pon dentro de mí un nuevo y justo espíritu”

    Mateo 6:13      “No nos expongas a la tentación, sino líbranos del maligno”

  • Reflexión

    1. ¿Dónde me quedo a menudo estancado/a?

    2. ¿Cuál es la libertad que Dios quiere para mí?

    3. ¿Cómo puedo rezar para tener esa libertad 

  • Oración Final

    Señor Dios Padre, te doy gracias por este tiempo de oración que he realizado, unido a otros que están orando en este día.
    Estoy también unido al Sagrado Corazón de Jesús, ardiendo con amor por toda la creación. En esta unión me encuentro, uno de muchos y uno de tus hijos amados.

    Ruego por la continua ayuda de tu Espíritu Santo, mientras termino éste tiempo de oración para volver a mis ocupaciones de este día.
    Ayúdame a guardar las lecciones que necesito, de éste tiempo de oración. Ayúdame además a dejar atrás todo lo que no necesito llevar.

    Sobretodo, ayúdame a estar consciente que estoy conectado a tí todo el tiempo, y que solo necesito hacer una pausa, respirar y orar, para estar profundamente consciente de esto.

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